junio 11, 2026
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El reciente enfrentamiento entre Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del PRI y senador, y Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva del Senado, es un episodio más de la podredumbre parlamentaria.

El incidente surgió tras una sesión tensa, descafeinada, sin trámites o discusiones parlamentarias de trascendencia, de las descalificaciones pasaron a los insultos, a los denuestos, al “usted cállese” y vinieron las rechiflas, los empujones y las cachetadas.

Alito reclamó que Noroña le negó la palabra, lo que escaló a empujones, las redes enardecieron, se vitalizaron los memes vitoreando la gresca contra el changoleón de la política mexicana, luego de ser exhibido por su incongruente y opulento estilo de vida. 

Este no es un incidente aislado: ambos políticos han tenido roces previos, como en octubre de 2024 y marzo de 2025, donde intercambiaron insultos y acusaciones de corrupción e hipocresía. En donde lo único que evidencian es un contexto político de alta polarización, en donde la oposición busca sin aciertos mayor visibilidad en un momento de descomposición absoluta para el PRI y una actitud polarizante de la oposición, frente a los arrebatos e intransigencia de la mayoría parlamentaria.

Al final ¿Quién gana y quién pierde? Un legislativo en crispación y sin evolución, sin un ganador claro en términos políticos, ya que ambos políticos pierden credibilidad, por su falta de filtros y discreción, aunque el enfoque se centra en el impacto reputacional y las consecuencias legales, que para ser honestos a nadie interesan en este momento de clara indignación pública.

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